lunes, 23 de febrero de 2015

Las Fotos de la Semana


Octubre de 1951 Acto en la actual Plaza de la Constitución



Que bar puede ser????

Fotografía cedida por Santiago Quintana


Amigos en la Puerta del Circulo Mercantil


Fotografía cedida por Santiago Quintana



Escuela de Costura Cristo de Medinaceli 1949







Bendición de la Escuela Taller de Costura




Escuela Comedor Cristo de Medinaceli 1949


La Hermandad del Medinaceli se ha caracterizado por la gran labor social y por la realización de muchísimas actividades humanitarias, entre las que cabría destacar la organización de una escuela de adultos, la cual estaba situada en la calle San Cayetano y era regentada por un maestro que no llegaba a cobrar ni 150 pesetas al mes, la apertura de una escuela comedor, que llevaba el nombre de "Escuela comedor Cristo de Medinaceli", en el año 1949




En la Revista Experiencia Cristiana nos dice:

" En la Parroquia existía también, desde los tiempos fundacionales, una Cofradía, la Hermandad del Cristo de Medinaceli, con su venerada imagen, que sobre todo el primer viernes de marzo congregaba a miles de personas que a largo del día acudían a rezar y besar sus pies. Era un hecho llamativo en el clima de la ciudad esta masiva movilización de linenses por un motivo religioso.

La Parroquia prestó atención a este hecho y procuraba cada año a través de la megafonía que instalaba Cofradía, ofrecer motivos de meditación con la lectura del relato de la pasión y Muerte del Señor y la música apropiada.

La Propia Cofradía mantuvo una dinámica de ayuda a los necesitados, no solo proporcionándoles alimentos, sino estableciendo en el local social una Escuela de jóvenes y niños sin escolarización que funcionaba al atardecer durante toda la semana.

También los mismos miembros de la Hermandad cocinaban en su local una exquisita comida en determinados días y ellos mismos se la servían a los necesitados, comida de notable presentación y gusto porque lo preparaba uno de los cofrades, profesional aventajado de la hostelería."


En Calle San Cayetano



Visita al Buque Arkansas 1926/1927




Cuando Santiago Quintana me dio esta foto de la visita al Navío estadounidense “Arkansas” para ponerla en la web, me acordé de que Enrique Sánchez Cabeza Earle en unas de sus últimas páginas de su libro “La Línea de mis recuerdos” escribió sobre esta visita, por lo que ya contamos con el documento gráfico y el escrito de este acontecimiento. Así mismo también contamos con otra foto con la vidita que nos devolvieron los marinos, en este caso de la marinería, no de los mandos, a nuestra Velada.


El "Arkansas" en la Bahía y sus mandos en la feria.



No recuerdo exactamente si fue el año 1926 o 1927. Desde luego la pequeña historia que voy a relatar sucedió el primer domingo de feria de uno de esos años. Estaban anclados en la bahía un grupo de barcos de guerra yanquí y entre ellos el "Arkansas" ostentando la insignia de buque almirante.

Un antiguo residente en la ciudad de La Habana, en cuya población fue representante de la casa Domecq y que como profesor de español había tenido la oportunidad de contar entre sus alumnos a muchos jefes y oficiales de la marina estadounidense, mantenía excelente amistad con nuestro paisano Rogelio Ruiz, aprovechando sus relaciones con los jefes del "Arkansas" logró de éstos invitaran al alcalde de La Línea don José María Bonelo Urquiza, para que en unión del señor Ruiz realizaran una visita al citado buque, acompañado de funcionarios y amigos de su personal elección.

A la hora convenida, una lancha motora de la dotación del "Arkansas", transportó desde el muelle de Gibraltar al grupo de invitados entre los que recuerdo, aparte del señor Bonelo y el señor Ruiz, los señores don Francisco Cerón, Secretario del Ayuntamiento, don Francisco del Villar, depositario municipal, don Eligió Fernández Quiñones, Aparejador de obras, el fotógrafo "Garcisánchez" y, como personalidad destacada el inválido de guerra y laureado de San Fernando, coronel La Real, a quien los marinos norteamericanos rindieron honores, haciendo ejecutar por la Banda del navío la Marcha Real española al pisar la escalerilla del "Arkansas".






Acogidos con cordialidad, tras las presentaciones obligadas, nos pasaron al comedor de los jefes, donde ya estaba preparada la mesa dispuesto para el almuerzo. Era la hora en que acostumbrábamos a hacer la comida fuerte del mediodía y nos dispusimos a saciar el, apetito que ya empezaba a manifestarse si no acuciador, si insinuante. Nos sentamos. Ante cada uno de nosotros, vacío, un solo plato. Eran los días en que estaba vigente la "ley seca" y por toda bebida teníamos ante nosotros una copa de agua. Nuestros anfitriones, gente de espíritu abierto, de excelente humor, hacían esfuerzos por hacerse entender como podían para salvar la barrera del idioma, echaban mano de todos los recursos del ingenio humano, logrando de esta forma que aquel nos resultase lo más grato posible. El Vicealmirante jefe de la escuadrilla, dio la orden de servir la comida. Con disciplina militar hicieron su aparición en el comedor, en fila, uno tras otro, portando cada uno de ellos una bandeja con los diferentes alimentos que constituían el menú completo de aquella comida, que quedó servida en un santiamén. Un panecillo redondo, pequeño, semidulce; unos trocitos de lechuga, otros de patatas cocidas, una rodaja de tomate y un filete de pescado, todo ello tan excelentemente presentado como escaso en cantidad. Y el café. Algunos de nosotros nos cruzamos miradas de extrañeza, defraudados. La reacción debió ser general y mal disimulada, porque nuestros anfitriones se apresuraron a explicarnos la razón de aquella frugalidad. Su desayuno era una comida fuerte, a base de huevos, carnes, zumos de frutos y hortalizas, mermeladas, repostería, café o té y leche. Agradecimos las amables explicaciones que no debió satisfacer a nuestros estómagos, porque seguían reclamando algo más que digerir.


Terminada la comida nos invitaron a conocer el barco, mostrándonos la sala de máquinas, los camarotes de oficiales, los dormitorios de la marinería, comedores y la cocina. A este llegamos oportunamente. De uno de sus hornos sacaban en aquel instante una bien nutrida bandeja de dorados panecillos iguales a los que habíamos degustado en el reciente almuerzo. El oficial que nos acompañaba puso a nuestra disposición aquella bandeja. No nos hicimos rogar y nos entregamos con placer a hacer honor o la invitación. Cuando estábamos entregados con entusiasmo a la nutritiva tarea, apareció el jefe de la intendencia del "Arkansas" y dando pruebas de su buen humor, simulando el horror que le producía la ruina que aquello representaba para él, fingió sacar su pistola para llevársela a la sien derecha, disparar y ¡pum!... su cuerpo cayó rígido, quedando inmóvil sobre el piso. La broma fue sinceramente celebrada por todos. Y seguimos con la misma atmósfera de jovialidad recorriendo el barco.



Luego vino la segunda porte. Ahora la invitación corría a cargo de nuestro alcalde. Para los jefes del "Arkansas" se había reservado uno de los palcos oficiales de la Plaza de Toros, desde donde presenciaron la primera corrida de toros de aquella feria. Un par de camareros —pantalones negros, blancas chaquetas-- tenían instrucciones de servirles con prodigalidad, chatos de nuestros vinos olorosos y emparedados de jamón y queso, a lo que los marinos hicieron los debidos honores, con apasionado entusiasmo.



Y de los toros a la caseta del Ayuntamiento, para redondear la fiesta. Más vino, con el acompañamiento de platos de jamón, queso, chorizo, salchichón y toda la gama de los suculentos embutidos de que, con legítimo orgullo, podíamos hacer gala los españoles.

Avanzada la madrugada, aquellos intrépidos marinos, tan duchos en desafiar las acometidas de las olas cuando sus enormes barcos eran frágiles juguetes en los enfurecidos océanos, terminaron tambaleantes, vencidos por los aromáticos caldos de las bodegas jerezanas, sanluqueñas y del Puerto de Santa María. Y a la hora de las despedidas, preguntaban, entre bromas y veras cuando se celebraría la próxima Velada, porque aquí estarían ellos puntuales, nuevamente.

Comedor de Auxilio Social

Comedor de Auxilio Social ubicado en el Circulo Mercantil, a principio de los 40.
Fotografía cedida por Santiago Quintana de Villar

Reina y Damas de la Velada de 1934



                                     La Foto de la Semana cedida por Santiago Quintana


En el Programa de la Velada de 1934 Eduardo Gomez de la Mata le dedicaba la siguiente poesa:


BELLEZAS DE LA LÍNEA



A Marujita Fernández Cruz, "Idita" Villar Lima, Doris Elmaleh, Antoñita Martínez y Maruja Serra.


Las hijas de las madres que amé tanto me besan ya como se besa a un santo.
       
                                            Ramón de Campoamor


¡Salve bellezas de La Línea, salve!
El vate a vuestras plantas
y para alfombra de esos pies divinos,
tiende la hidalga capa castellana.


El poeta os conoce. Sois capullos,
sucesión de otras llores que él cantara
en no lejano tiempo. Vuestras madres.


Por justa ley de herencia, sois tan guapas.
«Las hijas de las madres que ame tanto...»
—¿cómo los años pasan!—
miran ya al poeta viejo
con respeto y amor de cosa arcaica.

«Me besan ya como se besa a un santo...»

¡Oh, santidad amarga!
Porque no es santidad de altar e incienso
sino que dice de blancor de canas,
de una vida en ocaso,
de ilusiones truncadas...


¡Salve, bellezas de La Linea, salve!
Que hoy, al ser proclamadas
las más" bellas mujeres de La Línea.
del orbe las más bellas se os proclama;
porque son las mujeres de esta tierra
las más bellas de España.

y las de España, lo mejor del mundo. .
A vuestros pies el viejo vate os canta...


Eduardo Gómez de la Mata
La Línea y julio 1934

Dependencias del Café España

Freddi Hermanos 19 de mayo de 1916
Fotografía cedida por José Guerrero Govea


Colegio Sagrado Corazon de Jesús 


Recuerdo del día de Santa Teresa de Jesus 16 de Octubre de 1947
Fotografía cedida por Santiago Quintana de Villar